LA GUERRERA DEL AGUA

POR: Ing. Ruth Mondragón Monroy



Desde que tengo memoria recuerdo haberme sentido muy conectada a la naturaleza. Por lo tanto, no fue difícil encaminar mi carrera hacia el impacto en beneficio del medio ambiente. A mi corta edad me daba cuenta de las situaciones que estaban mal con respecto a nuestras dinámicas como humanos; recuerdo haberle llamado la atención más de una vez a mis padres por no depositar la basura en su lugar, a pedirle a otros niños que no maltrataran las plantas o sufrido al ver cuando tenían en malas condiciones a los animales. Esto va más allá de una experiencia personal y es muy importante, pues significa que varios impactos negativos en nuestro entorno pueden ser lógicos para los niños y de su reconocimiento podría depender cambiar el rumbo de las generaciones. ¡Sí, la respuesta está en las nuevas generaciones y nosotros tenemos gran responsabilidad en formarlos hacia la transformación!

Crecí con la plena convicción de defender mis ideales y con el tiempo descubrí que también la vida dependía de las estrategias. Cada vez que explico el cómo llegue a hacer lo que he hecho y lo que hago hoy, pongo el claro ejemplo de “encadenarse a un árbol”. Sin duda alguna mi alma activista, mi pasión por la naturaleza, y mi entrega me haría encadenarme a un árbol para salvarlo; sin embargo, en buen tiempo entendí que el mundo no funciona así. No basta con un profundo sentimiento, sino con acción fundamentada y un total entendimiento de las complejidades asociadas a las distintas interacciones. Es decir, para salvar un árbol o varios, es más probable lograrlo si se le traduce la importancia a la sociedad en general, si se comprenden las necesidades de los mercados, si se plasman beneficios en análisis sostenibles para presentarlos ante los tomadores de decisiones, o simplemente contar con las herramientas para proponer una alternativa que reduzca el daño.

Fue así como decidí estudiar Ingeniería Ambiental, cultivando todas aquellas habilidades y conocimientos que podrían llevarme a defender mis ideales con sustento técnico. Durante mi vida universitaria aproveché al máximo las oportunidades de intercambio y el conocimiento de mis profesores. En mi primer semestre me fue otorgada una beca por parte de la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural (COMEXUS) para realizar una estancia de investigación en la Universidad de California en Davis. En ese proyecto logramos desarrollar un sistema para optimizar el uso de agua en la agricultura, haciendo predicciones en modelos programados que disminuyeran la demanda de agua y aumentaran el rendimiento económico promoviendo el cultivo de rotación. Fue ahí donde comprendí la importancia de la investigación y la colaboración internacional en el desarrollo de la humanidad. En mi segundo año de carrera fui acreedora a otra beca, esta vez en la Universidad de Stanford, para participar en el programa de Jóvenes Emprendedores impulsado por el Consulado General en San José California, el cual me abrió los ojos a la vida empresarial de Silicon Valley. Después de esa experiencia comprendí que lo mejor puede venir cuando se piensa “fuera de la caja” y se arriesga a intentar todo para hacer tangibles sus proyectos, pero también que se puede ganar mucho en los fracasos. En el año 2016 concursé a nivel internacional y gané la beca MITACS Globalink para realizar una estancia de investigación en la Universidad de Columbia Británica en Vancouver; durante ese tiempo recopilé, analicé y publiqué sobre los casos de éxito de la restauración de ríos urbanos en América Latina. Posteriormente, realicé mi intercambio académico con el apoyo del gobierno canadiense que me otorgó la beca Líderes Emergentes en las Américas para realizar mis estudios en el École Polytechnique de Montreal, la mejor universidad de su clase en la provincia de Quebec. Ese año me formó en tantos sentidos, que personalmente me exigió hasta convertirme en la mujer fuerte que soy hoy. El broche de oro de mi vida universitaria fue haber recibido la invitación para participar en el evento Nudge Global Impact Challenge en Holanda y recibir el reconocimiento como líder en medio ambiente y sustentabilidad.

¿Y el agua? Tomé especial interés en este recurso natural también durante mis años de universidad pues, a la par de mis estudios, formaba parte del grupo de investigación que estaba a cargo de estudiar la Gestión Integral de la Cuenca Binacional del Río Bravo/Río Grande. En ese proyecto analizábamos varios subtemas como la gobernanza efectiva, la economía transfronteriza, la legislación internacional, la vulnerabilidad hídrica, los riesgos hidrometeorológicos y los efectos del cambio climático en el recurso. Ahí, entre tanto ingeniero civil, me formé en temas de hidrología, hidráulica y limnología; y publiqué mi tesis “Modelación de la calidad del agua con aplicación WEAP en la cuenca del Río Conchos, México: consideraciones ambientales”. Lo anterior, me llevó a una vida laboral en el tema de agua y medio ambiente habiendo desempeñado funciones desde proyectista de agua potable y drenaje, hasta jefe de departamento en la Dirección de Medio Ambiente de la Ciudad de Puebla. Decidí trazar mi camino en el sector público para servirle a mi país, para regresar todo lo que se me ha dado, para ser ese gobierno que necesitamos y con el especial interés en construir política pública. A partir de agosto de 2019, recibí el nombramiento como Director de Operación, Mantenimiento y Calidad del Agua en el Sistema Operador de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento de San Andrés Cholula, Puebla. Cargo que he ejercido con gran orgullo al ser una de las pocas Directoras Operativas a nivel nacional y estando al frente de un gran equipo que hace posible llevar el agua hasta los hogares y de vuelta a su origen. Sin duda, el verdadero valor de este recurso se entiende cuando se mira con detenimiento los retos sociales, económicos, ambientales, administrativos, tecnológicos y de ingeniería asociados a la distribución del agua. A todos los trabajadores del sector, mi entero agradecimiento y respeto, ya que ustedes llevaban agua a mi casa mucho antes de que yo supiera cómo hacerlo. El pasado 22 de enero fui invitada a la Primera Cumbre de Inteligencia Artificial (IA) de América Latina en el Instituto de Tecnología de Massachussets MIT, para establecer alianzas estratégicas y promover el uso de esta herramienta en la gestión del agua en las ciudades. Actualmente, formo parte del grupo pionero detrás del primer consorcio de IA en LATAM donde buscaré impulsar la adopción temprana de IA en temas de medio ambiente y agua en nuestra región. Nunca me he considerado ser una persona especial, así que puedo resumir que todo reside en la pasión, entrega, perseverancia y resiliencia.

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